La semillita persistente
Sobre este cuento
Acompaña a una semillita muy valiente que sueña con convertirse en la flor más alta y colorida de todo el jardín. Aunque es pequeñita, tendrá que ser muy fuerte para superar la falta de agua, la sombra de otras plantas y los soplidos de un viento travieso. Con la ayuda de su gran amigo, la lombriz Gusi, descubrirá que los grandes sueños siempre se pueden hacer realidad.
Lo que aprenderás con esta historia:
- La importancia de tener paciencia y no rendirse nunca cuando las cosas se ponen difíciles.
- El gran valor de la amistad y cómo ayudarnos unos a otros nos hace crecer más fuertes.
Érase una vez, en un jardín muy colorido, una semillita. ¡Era tan pequeñita que hasta las hormigas necesitaban usar gafas para verla! Pero, aunque era chiquita, tenía GIGANTESCOS sueños.
—Algún día —susurró la semillita, moviéndose de emoción—, ¡me convertiré en la flor más hermosa, maravillosa y colorida de todo el jardín! ¡Seré tan alta que alcanzaré las nubes!
Un día, llegó un jardinero con una regadera enorme.
—¡Madre mía! ¿Qué va a pasar? —se preguntó la semillita mientras el jardinero empezaba a regarla 🎵.
Bajo la tierra estaba muy oscuro, pero la semillita no tenía miedo. Hacía tanto calorcito como si llevara puesto su pijama favorito.
—Mañana empezaré a crecer —decidió la semillita, y se quedó dormida roncando suavemente 🎵—: Prrr, prrr, prrr…
Llegó la mañana, pero algo andaba mal. La tierra estaba tan seca como una galleta.
—Mmm, ¿dónde está la lluvia? —se preguntó la semillita—. Necesito más agua.
Pasaron los días y no cayó ni una gota. La tierra se puso tan dura como una piedra 🎵.
—Esto es muy difícil —suspiró la semillita—. ¡Pero no me rendiré! La abuela Pepita siempre decía que la paciencia tiene su recompensa… ¡aunque me gustaría que llegara más rápido!
Una mañana, la semillita escuchó un sonido extraño 🎵: ¡plim-plam, plic-plac!
—¡Hola, pequeña! —saludó alegremente la Lluvia, empapando la tierra—. Siento llegar tarde. ¡Me quedé atrapada en un atasco de nubes sobre el desierto!
—¡Yupi! —se alegró la semillita al sentir que el agua le hacía cosquillas en la cáscara—. ¡Más vale tarde que nunca! ¡Por fin puedo empezar a crecer!
Y así fue. Primero, a la semillita le salió una pequeña raíz que parecía una colita graciosa. Luego, apareció un brote verde que rompió la tierra.
—¡Guau! ¡Qué vistas! —se maravilló la semillita cuando su brote asomó por encima del suelo—. ¡Puedo ver el mundo! Es más grande de lo que pensaba y más… ¡verde!
Pero la alegría no duró mucho. A su alrededor crecían plantas enormes con hojas tan grandes como paraguas, que tapaban la luz 🎵.

