Muy alto en el cielo, en una nube suave y esponjosa, vivía un grupo de gotitas de lluvia. Todas se abrazaban como si fueran pequeñas almohadas mojadas, mirando el mundo de colores que había allá abajo. Entre ellas había una gotita muy especial llamada Plum. Plum siempre tenía una sonrisa brillante y la divertida costumbre de hacer el sonido «¡plum!» cada vez que daba un salto 🎵.

—Me encanta nuestra casita en la nube —suspiró una gotita llamada Rocío, que era tan suavecita que a veces las demás no la veían—. ¿Por qué tenemos que irnos?

—Me da miedo caer —susurró temblando Chispi, la gotita más pequeña de todas, que siempre veía peligros por todas partes—. ¡Está muy alto! ¿Y si me caigo dentro de la oreja de alguien?

Plum se rio 🎵 con dulzura.

—¡Amigas, miren qué hermosa es la Tierra! —exclamó, saltando de emoción 🎵 y haciendo su divertido sonido: «¡Plum! ¡Plum!»—. ¡Seguro que podemos hacer cosas fantásticas allá abajo! ¡Como resbalar por las hojas como si fueran toboganes!

Las otras gotitas se asomaron con timidez por el borde de la nube. Vieron campos verdes, flores de muchos colores y animalitos corriendo por el suelo 🎵.

—Tal vez —dijo Plum, haciendo una mueca graciosa—, en lugar de tener miedo, ¿podríamos hacer una competencia 🎵 para ver quién salpica más agua al aterrizar? ¿Quién viene conmigo?

Algunas gotitas se escondieron en lo más profundo de la nube y se taparon con mantitas de algodón. Pero Rocío y Chispi, sintiendo curiosidad por la idea de Plum, se acercaron un poquito más.

—¿Me das la mano? —preguntó Chispi, que todavía temblaba—. ¿Y prometes que no caeremos en la sopa de nadie?

—¡Claro que sí! —dijo Plum, riendo a carcajadas 🎵—. Iremos todas juntas. Y recuerda, si caes en la sopa de alguien, solo tienes que decir: «¡Buen provecho!».

Tomadas de la mano, Plum, Rocío y Chispi empezaron a caer hacia la Tierra. Más gotitas se unieron a ellas, formando una divertida cadeneta que se balanceaba con el viento 🎵.