Era sábado por la mañana en el Mercado de Colores 🎵. El oficial Arturo llegó muy temprano para ayudar. ¡El mercado era su lugar favorito para pasear! Las carpas de colores adornaban el parque, y el olor a fruta dulce se mezclaba con el rico aroma a pan calientito 🎵.

—¡Buenos días a todos! —saludó el oficial Arturo con una gran sonrisa. Llevaba un uniforme azul con una placa brillante 🎵 que relucía bajo el sol—. ¡Qué día tan hermoso!

El oficial Arturo caminó por los pasillos llenos de gente, saludando a cada vendedor. Se detuvo en el puesto de frutas del señor García, que era el más colorido de todo el mercado.

—¡Buenos días, señor García! ¿Necesita ayuda hoy? —le preguntó.

—¡Sería fantástico, oficial Arturo! —respondió el señor García—. ¿Podría acomodar estos plátanos mientras yo saco las naranjas?

El oficial Arturo acomodó las cestas de fruta con mucho cuidado.

—Su puesto siempre se ve muy bonito —dijo.

El señor García sonrió muy orgulloso, pero de pronto se puso serio. Miró por todo su puesto. Estaba preocupado 🎵.

—¿Pasa algo malo? —preguntó el oficial Arturo.

—Me falta mi cesta 🎵 especial —dijo el señor García, rascándose la cabeza—. Una que tiene cuadritos blancos y negros, y un asa muy grande. ¡Estaba llena de mis mejores manzanas y ahora no está! La tenía aquí mismito hace un rato.

El oficial Arturo se puso las manos en la cintura.

—No se preocupe, señor García. Yo le ayudaré a buscarla. Tal vez alguien la movió sin querer.

—Gracias, oficial Arturo. Esa cesta es muy especial para mí. Mi hija la hizo para mi cumpleaños el año pasado —explicó el señor García.

El oficial Arturo empezó a caminar por el mercado, buscando la cesta perdida. Se detuvo a hablar con unos niños que jugaban cerca del puesto de flores 🎵.

—¡Hola! Busco una cesta con un asa muy grande y cuadritos blancos y negros. Estaba llena de manzanas rojas y brillantes. ¿Alguno de ustedes la ha visto?

Los niños negaron con la cabeza. El oficial Arturo les dio las gracias y siguió buscando.

Le preguntó a la señora Carmen en el puesto de miel, al señor Pérez en la carpa de verduras, y hasta al abuelo Pepe, que vendía juguetes de madera. Nadie había visto la cesta perdida.

Al dar la vuelta en la entrada del parque, el oficial Arturo vio a un niño pequeñito. ¡Llevaba algo muy familiar: una cesta de cuadritos! Pero, en lugar de manzanas, ahora estaba llena de rosas rojas, tulipanes rosados y hermosas flores blancas.