La noche en la granja estaba llena de magia otra vez. El sol ya se había ido a dormir, dejando un cielo lleno de estrellitas. Los animales se reunieron 🎵 alrededor de la cálida fogata. El viejo tractor, con sus faros que brillaban como 🎵 dos ojos grandes, rodó hasta el centro. A su lado estaba Miki, un cortacésped verde y brillante que hacía girar sus cuchillas 🎵 muy emocionado: ¡fiu, fiu, fiu! El perrito 🎵 Dante estaba tumbado junto al fuego, pero esta vez no estaba dormido. ¡Tenía las orejas bien levantadas para escucharlo todo!

—¡Prepárense, amigos, porque esta noche los voy a llevar a las estrellas! —dijo Barney, guiñando un faro 🎵—. ¡Les voy a contar la historia de mi gran viaje espacial, cuando yo, el tractor Barney, volé hasta la Luna!

Los animales lo miraron con los ojos muy abiertos. Las gallinas aletearon muy contentas 🎵: ¡clo, clo, clo! Y Barney empezó su historia.

Era una noche en la que las estrellas brillaban muchísimo. Yo siempre había querido saber qué había allá arriba. Y, de pronto, ¡pum!, ¡un cohete aterrizó 🎵 en el campo, detrás del granero! Sí, una nave espacial de verdad, plateada y con muchas luces que parpadeaban.

Me acerqué rodando y mis faros iluminaron un cartel que decía: «Cohete para Barney». Dentro encontré un librito hecho especialmente para tractores, con dibujos de ruedas y palancas. Sin pensarlo dos veces, ¡me subí!

Miki, que siempre quería participar, gritó:

—¡Y mis cuchillas comprobaron que fuera seguro!