En la Estación de Prado del Bosque, Fiona, la zorrita bombera, miraba por la gran ventana. Unas nubes muy oscuras 🎵 paseaban por el cielo, haciendo que todo se viera gris y un poquito triste 🎵.

—El viento sopla muy fuerte 🎵 —dijo el jefe Derek, un perrito sabio y mayor que cuidaba la estación—. Tenemos que estar listos por si alguien necesita ayuda.

Fiona se abrazó a su colita peluda. No le gustaban las tormentas, pero sabía que ser bombera significaba ayudar a los demás sin importar qué pasara.

¡TOLÓN! ¡TOLÓN! ¡TOLÓN!

La alarma sonó 🎵 por toda la estación.

—¡Bombera Fiona! —exclamó el jefe Derek—. ¡Alguien necesita nuestra ayuda! Un árbol enorme se cayó en el camino y un coche quedó atrapado debajo.

Fiona respiró hondo 🎵.

—Debo ser valiente —susurró, mientras se ponía su chaqueta amarilla y su casco de bombera.

La lluvia caía cada vez con más fuerza 🎵, haciendo tip, tap, tip, tap sobre el techo. Un relámpago brilló 🎵 a lo lejos.

—¿Lista, Fiona? —preguntó el jefe Derek mientras subían al gran camión de bomberos rojo.

—¡Lista, jefe! —dijo Fiona, intentando sonar mucho más valiente de lo que se sentía.