En lo más profundo del océano 🎵, en un mundo de brillantes azules y verdes, se alzaba un magnífico palacio de coral y perlas. Este era el hogar del sabio Rey del Mar y de sus seis hijas sirenas. La princesa más joven era especial: tenía un cabello dorado que flotaba a su alrededor como la seda y una voz tan hermosa que los peces dejaban de nadar solo para escucharla 🎵.

Pero lo que la hacía verdaderamente diferente era su curiosidad. Mientras sus hermanas eran felices con su vida en el mar, ella siempre se preguntaba por el mundo que había más allá de las olas. Hacía preguntas sin parar:

—¿Qué se siente al tocar las nubes? ¿Cuánto calienta el sol? ¿Qué significa bailar?

En el reino submarino, las sirenas solo podían visitar la superficie al cumplir quince años. Cada año, la sirenita observaba emocionada cómo otra de sus hermanas alcanzaba esa importante edad y regresaba con historias asombrosas.

—¡Vi barcos que navegaban como peces gigantes! —le contaba una hermana.

—¡Vi el cielo cambiar de colores mientras el sol desaparecía! —exclamaba otra.

—Escuché a los humanos crear sonidos maravillosos con objetos extraños —decía una tercera.

Mientras esperaba su turno, la sirenita creó un jardín especial. Se sentaba entre las flores e imaginaba cómo sería tener piernas en lugar de cola.

¡Por fin llegó su decimoquinto cumpleaños 🎵! Su abuela le colocó una corona de lirios blancos en el cabello y le hizo una importante advertencia: