En la hermosa Escocia 🎵, una tierra llena de verdes colinas y valles neblinosos, había un enorme lago llamado Ness. Era tan profundo y oscuro que nadie sabía qué se escondía en el fondo.

En un pequeño pueblo junto al lago vivía una niña llamada Fiona. Tenía el pelo rojo, la cara llena de pecas y era muy curiosa. A Fiona le encantaba sentarse a la orilla del lago para mirar las olas 🎵, los pájaros y los peces.

—¡Fiona! —la llamó su abuela desde casa—. ¡No te acerques demasiado al agua! ¡En el lago vive un monstruo misterioso!

—Abuela, ¿de verdad hay un monstruo ahí? —preguntó Fiona con los ojos muy abiertos.

—Oh, sí —respondió su abuela—. La gente lo llama Nessie. Dicen que tiene un cuello largo como el de un dinosaurio y un cuerpo gigante. Lo han visto muchas veces, pero nadie sabe si es peligroso o amigable.

Fiona escuchaba estas historias conteniendo el aliento. ¡Deseaba con todas sus fuerzas ver a Nessie con sus propios ojos!

Una mañana de niebla, Fiona salió temprano hacia el lago. Llevaba un sándwich de mermelada y un termo con té caliente. Se sentó en su roca favorita y miró el agua.

—Nessie, Nessie —susurró bajito—. Si de verdad estás ahí, por favor, sal a saludar. Prometo que no me asustaré.

¡De repente, el agua empezó a moverse 🎵! Aparecieron unas burbujas grandes 🎵 y, de pronto… ¡algo enorme salió del lago! Fiona vio un cuello largo y verde, y una gran cabeza de expresión dulce con unos ojos gigantes.

—¡Ooooh! —susurró Fiona sin poder creer lo que veían sus ojos.