El Zorro Avergonzado
Sobre este cuento
Conoce a Félix, un zorro muy orgulloso de su hermosa cola peluda, que quiere sorprender a sus amigos con un salto increíble. Pero cuando su gran truco termina en un gigante charco de lodo, Félix siente mucha vergüenza y decide esconderse en su madriguera. Con la ayuda de sus amigos del bosque, descubrirá que incluso los animales más sabios a veces se equivocan y tienen accidentes divertidos.
Lo que aprenderás con esta historia:
- Sentir vergüenza es normal y a todos nos puede pasar alguna vez.
- Aprender a reírnos de nosotros mismos nos hace sentir mucho mejor.
- Los verdaderos amigos siempre te ayudarán y te darán un abrazo cuando más lo necesites.
¡Hola! Me llamo Félix y soy un zorro. Vivo en el Rincón del Pino, en una madriguera muy calentita bajo las raíces de un viejo roble. Tengo una cola roja, suave y muy peluda. ¡Estoy MUY orgulloso de mi cola! La peino mucho y les digo a todos:
—¡Miren mi cola! ¡Es preciosa!
Pero hoy… ¡hoy mi cola y yo tuvimos el PEOR día de todos 🎵!
Por la mañana, me desperté muy feliz.
—¡Otro día hermoso para un zorro hermoso! —le dije al espejo (sí, tengo un espejo en mi madriguera para ver si mi colita está perfecta).
Miré mi cola. ¿Peluda? ¡SÍ! ¿Roja? ¡SÍ! ¿Perfecta? ¡CLARO QUE SÍ!
—Hoy —dije muy serio—, ¡haré algo genial! ¡Algo muy divertido! ¡Les mostraré a todos en el Rincón del Pino lo rápido que salto!
Salí corriendo de mi madriguera hacia el Prado Soleado. Allí jugaban todos los animales: el oso Boris, la ardilla Fiona, el erizo Henry, la liebre Zoey y unas ardillas que estaban de visita.
—¡ATENCIÓN, ATENCIÓN! —grité muy fuerte—. ¡Soy yo, el gran zorro Félix, y les voy a mostrar el MEJOR truco del mundo 🎵!
—¡Uy, llegó Félix! —gritó la ardilla Fiona.
—¿Qué nos vas a mostrar? —preguntó el oso Boris.
—¡UNA VOLTERETA EN EL AIRE! —dije muy orgulloso—. ¡Y luego daré un giro! ¡Y otra voltereta! ¡Y al final, caeré de pie y saludaré!
Todos los animales hicieron un círculo a mi alrededor.
—¡Guau! —dijeron todos.
Me sentí MUY importante. Levanté mi cola lo más alto que pude.
—¡Miren y aplaudan! —grité.
Tomé impulso… uno, dos, tres…
¡SALTO!
¡Salté muy alto en el aire 🎵! ¡Di una voltereta! ¡Fue GENIAL!
Pero entonces…
Vi que iba a caer justo… ¡en un CHARCO… gigante… y lleno de LODO!
—¡Oh, no! —grité en el aire.
¡Demasiado tarde!
¡CHOF!
¡El lodo saltó por todas partes! ¡EN MI CABEZA! ¡EN MIS OREJAS! ¡EN MI HERMOSA Y PELUDA COLA!
—¡AAAAH! —grité.
Y entonces…
Todos empezaron a reírse 🎵.
—¡JA, JA, JA! —rio la ardilla Fiona.
—¡JI, JI, JI! —rio el erizo Henry.
—¡JO, JO, JO! —rio el oso Boris.
Me quedé sentado en el charco, todo sucio. Mi hermosa cola parecía una escoba vieja. Me caía lodo de las orejas. Y tenía una gota negra y pegajosa en la nariz.
Sentí algo muy raro.
Primero, sentí calor. Mucho calor. Como si tuviera un horno en la pancita.
Luego, sentí que mi cara ardía. (Los zorros somos rojos, ¡pero seguro que me puse rojo COMO UN TOMATE!).
Se me bajaron las orejas 🎵. Mi cola se escondió entre mis patas. Quería hacerme chiquito, chiquito, chiquito, para que nadie me viera.

