Blancanieves y Rosarroja
Sobre este cuento
Conoce a Blancanieves y Rosarroja, dos dulces hermanas que deciden compartir su cálida cabaña con un enorme y amable oso durante un invierno muy frío. Cuando llega la primavera y su amigo regresa al bosque, las niñas viven sorprendentes aventuras intentando ayudar a un duendecillo muy gruñón. ¡Acompáñalas a descubrir cómo su gran bondad logrará romper un antiguo hechizo mágico!
Lo que aprenderás con esta historia:
- La importancia de ser amables y ayudar a los demás en todo momento.
- Que las apariencias engañan, pues un amigo maravilloso puede verse muy diferente a ti.
- Que las buenas acciones y un corazón generoso siempre traen grandes recompensas.
Érase una vez, justo en la linde de un espeso 🎵 y susurrante bosque, una casita pequeña y muy acogedora. Dos hermosos rosales crecían en la entrada: uno daba flores blancas 🎵 y el otro, flores rojas 🎵. En esta casita vivían una mujer muy buena y sus dos hijitas, que se parecían mucho a esas maravillosas flores de primavera.
Las niñas se llamaban Blancanieves y Rosarroja. Eran las hermanas más dulces y felices bajo el sol, aunque eran un poco diferentes entre sí. A Rosarroja le encantaba correr por los prados, perseguir mariposas y cantar con los pajaritos 🎵. En cambio, a la tranquila y dulce Blancanieves le gustaba quedarse dentro de casa, ayudar a su madre y escuchar cuentos de hadas. Aun así, las hermanas se querían tanto que siempre que caminaban por el bosque se daban la mano y prometían no soltarse nunca.
Llegó un invierno muy frío 🎵. Una gruesa y suave manta de nieve brillante lo cubrió todo, y la escarcha pintó hermosas flores de hielo en las ventanas. En esas noches heladas, su madre cerraba la puerta con llave, encendía un fuego cálido en la chimenea 🎵 y se sentaba en su sillón favorito. Leía historias mágicas de un libro grande y grueso, mientras Blancanieves y Rosarroja escuchaban con los ojos muy abiertos, sentadas en la suave alfombra junto a su perrito, que dormía plácidamente 🎵.
Una noche, cuando el viento aullaba 🎵 con fuerza y una tormenta de nieve borraba los caminos, escucharon de repente unos golpes fuertes y pesados en la puerta 🎵. Alguien rogaba que le dejaran entrar. Su madre sonrió amablemente y le pidió a Rosarroja que abriera la puerta rápidamente. Estaba segura de que era solo un viajero helado que buscaba un lugar seguro para resguardarse de la tormenta.
Rosarroja descorrió el pesado cerrojo 🎵 sin pensarlo dos veces, pero lo que vio la hizo gritar de sorpresa. No era un viajero con una mochila en el umbral. ¡Por la puerta abierta, un enorme y peludo oso negro asomó la cabeza y entró en la 🎵 casita! Blancanieves se asustó tanto que se escondió detrás del sillón de su madre, y Rosarroja dio un paso atrás, con los ojos muy abiertos. Pero el oso no daba nada de miedo. Para su sorpresa, habló con una voz humana profunda, pero increíblemente suave.
Les pidió que no se asustaran y les prometió que no les haría ningún daño. Les explicó que tenía muchísimo frío y solo quería calentarse las patas heladas junto al fuego.

