Érase una vez, en un prado verde y soleado 🎵, una liebre muy veloz y una tortuga que caminaba despacito. A la liebre, con sus orejas largas y caídas y sus patas rápidas, le encantaba corretear por el prado, saltando de aquí para allá en un abrir y cerrar de ojos. La tortuga, en cambio, se movía a un paso lento pero seguro, cargando su pesado caparazón adondequiera que iba.

Una hermosa mañana, la liebre vio a la tortuga caminar con paso pesado y no pudo evitar burlarse un poco.

—¡Ji, ji, ji! ¡Ay, tortuga, eres tan lenta 🎵! Apuesto a que nunca podrías ganarme en una carrera —se rio la liebre, dando saltitos 🎵 en círculo alrededor de su compañera.

La tortuga, con una tierna sonrisa 🎵, le respondió:

—Ay, liebre, tal vez sea lenta, pero creo que podría ganarte. ¿Qué te parece si hacemos una carrera amistosa para comprobarlo?