En la estación de Prado del Bosque 🎵, se respiraba un ambiente muy especial y cálido. Era el Día de San Valentín, o como lo llamaban los vecinos, el Día de la Amabilidad. El aire olía muy dulce, igual que las galletas de canela en forma de corazón que el erizo Hugo estaba sacando del horno 🎵.

La bombera Fiona, la zorrita, estaba de pie frente a un gran espejo en el vestuario. Se puso un lazo rojo 🎵 muy brillante en su uniforme azul oscuro. ¡Se veía muy elegante!

—Ser bombera es un asunto serio —le dijo a su reflejo, mientras se ajustaba el casco—. Pero hoy todo el mundo está siendo muy amable, así que seguro que será un día tranquilo.

Por desgracia, la tranquilidad no duró mucho. ¡TOLÓN! ¡TOLÓN! Una fuerte campana de alarma sonó 🎵 por toda la estación. La luz roja sobre la puerta parpadeaba muy rápido. El jefe Derek entró corriendo en la habitación 🎵. Parecía muy serio, pero su voz era tranquila, como siempre.

—Equipo, tenemos una llamada —anunció, señalando el mapa del pueblo—. El palomo Goyo, nuestro cartero, ha tenido un accidente en el Prado de las Margaritas. Sin querer, se le ha caído su bolsa de cartas de San Valentín dentro de un viejo pozo vacío. Los animalitos están esperando sus cartas, y Goyo está intentando bajar él solo. Eso podría ser muy peligroso 🎵.

Fiona sintió un pequeño nudo en la barriga 🎵. ¿Un pozo? Eso significaba un espacio oscuro y estrecho. Su cola peludita, que hace un momento se movía feliz de un lado a otro, se quedó muy quieta. Aun así, corrió hacia el camión de bomberos 🎵. La osa Berta ya estaba en el asiento del conductor 🎵, y el erizo Hugo estaba revisando las mangueras de agua y las cuerdas 🎵.

Salieron a toda velocidad. ¡WII-WUU! La sirena en el techo del camión sonaba muy fuerte 🎵, avisando a los demás animalitos para que dejaran libre el camino. Cuando llegaron, vieron al palomo Goyo revoloteando muy nervioso alrededor 🎵 del pozo de piedra, moviendo sus alas sin parar.

—¡Mi bolsa! ¡Mi bolsa! —gritaba muy preocupado—. ¡Es muy profundo y está muy oscuro ahí abajo, y no veo nada de nada!

Fiona se acercó al borde y se asomó al interior 🎵. Una brisa fría con olor a tierra húmeda subía desde el fondo. Todo estaba completamente a oscuras. Fiona tembló un poquito y dio un paso hacia atrás. Le daba miedo la oscuridad. Su imaginación le susurraba que cosas aterradoras podían estar escondidas en las sombras.

El jefe Derek le puso una pata en el hombro.

—Fiona, este es un trabajo para ti. Eres la más ágil de todos nosotros.

—Pero no puedo ver nada, jefe —susurró Fiona, con las orejitas agachadas por el miedo—. Es muy estrecho.