Había una vez un niño pequeño llamado Gus al que le encantaba mirar las estrellas 🎵. Todas las noches, pegaba la nariz a la ventana de su habitación y soñaba con volar a la Luna 🎵. Un día, Gus decidió construir su propio cohete espacial usando cajas de cartón, pintura brillante y muchísima imaginación.

—¡Hoy es el gran día! —exclamó Gus con una sonrisa mientras se subía a su cohete—. Tres… dos… uno… ¡DESPEGUE 🎵!

¡FIIU! Su cohete salió disparado hacia el espacio, dejando atrás las nubes blancas y esponjosas. Pero, de repente, un pequeño meteorito chocó contra su cohete 🎵, haciéndole un agujerito y arrancando uno de los motores.

—¡Oh, no! —dijo Gus, preocupado—. ¿Cómo llegaré a la Luna ahora?

En ese momento, algo rosa y blandito pasó flotando. ¡Era Zog, el Extraterrestre de Chicle, agitando sus brazos de fideo!

—¡Hola, Gus! ¿Quieres volar a la Luna 🎵 conmigo? ¡Tengo el poder de las burbujas! —exclamó Zog entre risas, haciendo **pompas espaciales** 🎵 🎵 muy brillantes.

—¡Sí! ¡Vayamos juntos! —respondió Gus muy feliz.

Zog usó su chicle espacial para tapar el agujero del cohete de Gus, dejándolo más fuerte que nunca 🎵.

—¡Prepárate, Luna 🎵, allá vamos! —gritó Gus.

Al volar más alto, llegaron a un campo de rocas espaciales flotantes. Escondido debajo de ellas, había algo brillante, pero no podían alcanzarlo. Era el motor del cohete de Gus.

¡PUM! ¡CRAS! Alguien estaba chocando contra 🎵 las rocas espaciales. ¡Era el Capitán Tambaleo, el Cosmonauta Torpe, que daba vueltas en círculos!