En el bonito pueblo de Ruidoville vivía Ruby, un pequeño coche de carreras rojo. Como siempre, iba a toda velocidad por el vecindario. Soñaba con grandes aventuras, pero a menudo se quedaba atrapada en el tráfico detrás 🎵 del tractor del Señor Caracol, que iba más lento que una tortuga jubilada.

—¡Uf! La vida de un coche de carreras no es un cuento de hadas —suspiró Ruby, sacándole brillo a sus espejos—. ¡Brum, brum! —Intentó acelerar, pero su motor solo tosió y soltó una divertida nube de humo en forma de corazón.

—¡Brrr! ¡Mi motor necesita un café! —rio Ruby, temblando como gelatina por las calles llenas de baches—. ¡O al menos un chocolate caliente con nubes!

Una mañana, justo después de que sonara la bocina de su despertador, el Señor Ruedotas, un enorme camión monstruo naranja que era su vecino, llamó a la puerta de su garaje 🎵.

—¡Ruby! ¡Tengo un trabajo para ti! —exclamó, agitando una cesta de pícnic llena de sándwiches de mantequilla de cacahuete—. ¡Tienes que llevarle esto a la Abuelita Marchas, en la Colina Arcoíris!

Ruby tocó el claxon, asustada:

—¡Mec, mec! ¿Yo? ¿A la Colina Arcoíris? ¡Ese es un trabajo para un supercoche, no para mí!

Se escondió bajo una lona vieja, fingiendo que dormía 🎵. «Zzz, zzz», roncaba de mentira, mientras sus ruedas temblaban de miedo. «¿Y si me pierdo en el Bosque de los Pinos?», pensó. «¿O si me atasco en el barro y parezco una patata sucia con ruedas?».

Entonces, su grupo de amigos entró rodando 🎵 al garaje: Solecito, un taxi amarillo que conocía todos los atajos del pueblo y tenía unos faros más brillantes que la luna llena; Leo, un coche compacto verde al que le encantaba saltar en los charcos gritando «¡Chof, chof!»; y Campanilla, una alegre furgoneta azul que a veces dejaba caer los paquetes, pero contaba los mejores chistes del mundo.

—¿Por qué la rueda se puso a dieta? —preguntó Campanilla—. ¡Porque estaba 🎵 demasiado hinchada!

Todos se rieron, e incluso Ruby asomó la cabeza por debajo de la lona con una sonrisa.

—¡Ruby! —la llamó Leo—. ¡Iremos todos juntos! ¡Nosotros podemos!