La misión del planeta desordenado
Sobre este cuento
Sofía y su hermanito Max viajan mágicamente a través de su telescopio hasta llegar a un misterioso planeta cubierto de basura extraterrestre. Junto a su nuevo amigo de tres ojos, Ziggy, los niños organizan un gran juego para limpiar el mundo y lograr que regresen las hermosas mariposas espaciales.
Lo que aprenderás en esta historia:
- La importancia de reciclar y no tirar basura para cuidar la naturaleza.
- Que trabajar en equipo y enseñar a otros puede lograr grandes cambios.
- ¡Que cuidar nuestro planeta también ayuda a proteger a los animales que viven en él!
Sofía aplastó la nariz contra la ventana del observatorio de su casa del árbol. Miraba las estrellas brillantes a través del viejo telescopio de latón de su abuelo. Su hermano Max, de ocho años, daba saltitos de emoción 🎵 a su lado; su pijama espacial brillaba levemente en la oscuridad.
—¡Cuidado, Max! —rio Sofía cuando él casi tira la bandeja de la merienda—. ¡Estamos haciendo observaciones científicas!
—¡Perdón! —se disculpó Max con una sonrisa, agarrando una galleta con chispas de chocolate. Las migas le cayeron por la camisa mientras preguntaba—: ¿Crees que algún día veremos algo supergenial allá arriba? ¿Como extraterrestres o naves espaciales?
Sofía ajustó el telescopio 🎵 con cuidado.
—Vemos cosas geniales todas las noches. Mira esas estrellas, ¡cada una podría tener planetas a su alrededor! —Pero entonces, Sofía sintió un extraño cosquilleo en los dedos—. Aunque esta noche se siente diferente…
De repente, una brillante luz morada salió del 🎵 telescopio y llenó la casa del árbol. El viejo telescopio empezó a zumbar y a vibrar, brillando cada vez más 🎵.
—¡Sofía! —chilló Max, agarrando del brazo a su hermana—. ¿Qué está pasando?
Antes de que Sofía pudiera responder, la luz los envolvió como una manta. Cuando la luz se apagó, ya no estaban en su casa del árbol. Estaban sentados en lo que parecía una pequeña nave espacial 🎵, construida con latas de refresco recicladas, piezas de bicicletas viejas y lo que Sofía estaba casi segura de que había sido la licuadora de su mamá.
—¡Estamos en el ESPACIO! —gritó Max, con la cara aplastada contra una ventana redonda—. ¡EL ESPACIO DE VERDAD!
A Sofía le dio un vuelco el estómago al mirar afuera y ver las estrellas pasar a toda velocidad como rayas de pintura blanca. Su pequeña nave zumbaba y silbaba a través de la oscuridad, dejando atrás planetas 🎵 de todos los colores y tamaños.
—¿Cómo es esto posible? —susurró Sofía, pero no pudo evitar sonreír—. ¡Esto es mucho mejor que solo mirar las estrellas!
Después de lo que pareció una eternidad y solo un segundo a la vez, se acercaron a un planeta muy raro. Giraba envuelto en colores turbios, sobre todo grises y marrones, pero, de vez en cuando, unos cristales brillantes con los colores del arcoíris asomaban en su oscura superficie.
—Aterrizaje de emergencia —anunció una amigable voz robótica que a Sofía le recordó a la bibliotecaria de su escuela—. ¡Por favor, mantengan las manos y los pies dentro del vehículo en todo momento!
—¿Emergencia? —Max abrió los ojos de par en par—. ¿Como en las películas cuando todo explota?
—Seguro que estaremos bien —dijo Sofía, aunque su corazón latía muy rápido 🎵 mientras la nave descendía hacia el misterioso planeta.
Con un suave impacto, aterrizaron en la superficie 🎵. La puerta de la nave se abrió 🎵 con un chirrido, y Sofía y Max se asomaron con cuidado.
—¡Puaj! —Max se tapó la nariz de forma exagerada—. ¡Huele a la bolsa del gimnasio de papá mezclada con huevos podridos!
Sofía estaba de acuerdo. El aire era espeso y turbio, y miraras por donde miraras, había montañas de basura 🎵. No era basura normal como la de la Tierra, ¡era basura extraterrestre! Aparatos rotos que parpadeaban con luces de colores, envases vacíos que cambiaban de color y envoltorios que flotaban de arriba abajo como si no pudieran decidir si obedecer o no a la gravedad.
Lo más increíble de todo eran los árboles de cristal. Asomaban entre las pilas de basura, brillando débilmente bajo las capas de desperdicios. Sus troncos eran transparentes como el vidrio, y en sus ramas tenían hojas que parecían ventanas de colores.
Mientras los niños miraban maravillados, unas extrañas criaturas azules pasaron caminando junto a ellos, tirando más basura 🎵 a las pilas sin importarles nada. Tenían tres ojos, no tenían nariz (lo que a Sofía le pareció una suerte, considerando cómo olía todo), y cada una tenía cuatro brazos.
—Esto es terrible —susurró Sofía, viendo un envoltorio pasar flotando frente a su cara antes de caer sobre una flor de cristal—. ¡Es como si no les importara su planeta!
Un pequeño extraterrestre azul, más o menos de su misma altura, se acercó arrastrando sus cuatro pies por la basura. A diferencia de los demás, que parecían muy atareados y despreocupados, este se veía triste.
—Hola —dijo con tristeza en perfecto español, lo cual sorprendió a Sofía—. Soy Zigzag, pero mis amigos me llaman Ziggy. Aunque no tengo muchos amigos. Bienvenidos a lo que antes se llamaba Cristalón, y que ahora todos llaman Mundobasura.
Max sonrió con simpatía.
—Yo soy Max, y ella es mi hermana Sofía. ¡Somos de la Tierra! ¿Cómo es que hablas nuestro idioma?

