Era una mañana muy especial: el Día de la Madre, para ser exactos 🎵. Andrés estaba de pie en la puerta del dormitorio, listo para llevar a cabo una operación muy complicada. En una mano sostenía su coche de carreras rojo favorito 🎵, como si fuera la placa de un comandante, y con la otra señalaba la cama con firmeza 🎵. Le esperaba una prueba muy importante: había decidido que hoy sería el Director de la Casa.

—Mamá, pido una pausa técnica. Cambio de protocolo —anunció con un tono firme y decidido, dando un paso hacia el mundo desconocido de ser papá—. Yo soy tú y tú eres yo. Tus baterías necesitan recargarse. Te vas a dormir.

Mamá lo miró por encima de su café matutino. Estaba muy sorprendida por esta orden repentina de apagar el sistema.

—Pero, Andrés, acaba de salir el sol. El sistema operativo apenas se está encendiendo…

—¡Hora de cortar la energía! —ordenó el niño, acomodando las almohadas 🎵 con la habilidad de un experto ingeniero de sueños—. Acuéstate. Voy a activar la capa protectora. Y no hay peros que valgan.

Mamá sonrió, dejó su café en la mesita de noche y se metió bajo las sábanas 🎵. Andrés le subió la manta 🎵 hasta la barbilla, muy contento de que el procedimiento marchara tan bien. Se dio la vuelta hacia la puerta, seguro de haber conseguido una victoria rápida.

Pero antes de que pudiera siquiera tocar el pomo de la puerta, escuchó una voz arrastrada que venía de la cama. La primera prueba de resistencia 🎵 había comenzado.

—Andréeeees… Informo de que necesito líquidos.

Andrés se detuvo en seco. Dejó escapar un gran suspiro 🎵, exactamente igual que el que había dado su mamá la noche anterior cuando él no quería lavarse los dientes. Aceptando el reto, marchó a la cocina. Sacó su vaso azul del armario, el que tenía una avanzada válvula antiderrame. Escuchó con atención cómo el chorro de agua fresca chocaba 🎵 contra el fondo de plástico y llenaba el vaso hasta el mismísimo borde. Regresó al dormitorio, llevando la bebida como si fuera una valiosa muestra de laboratorio 🎵.