En la casita de madera del viejo roble 🎵, detrás de su casa, reinaba un silencio científico perfecto. La llamaban el Laboratorio de Cartón por una buena razón. Aunque el suelo era de madera, cada superordenador y estación de investigación estaba construido con cartón reciclado, cortado con mucho cuidado.

Clara, la Ingeniera Jefa de ocho años, se ajustó el lápiz que llevaba detrás de la oreja y se bajó las gafas de seguridad sobre los ojos 🎵. Su bata blanca de laboratorio, que le quedaba al menos dos tallas grande, crujía con cada movimiento 🎵. Había marcado un cuadrado en el suelo de madera con cinta aislante amarilla 🎵. Esta era la Zona Estéril.

En el centro del cuadrado había un pequeño imán rectangular. Clara espolvoreó con cuidado polvo negro 🎵 de un tarrito alrededor del imán. Al lado había una caja de clips normales y corrientes.

—Según mis cálculos… —murmuró para sí misma, tomando notas en su portapapeles—. Estas limaduras de hierro están a punto de formar un patrón plano y perfecto. Dibujaré un mapa de la fuerza invisible, cerraré mi Diario de Investigación y demostraré que la física es muy limpia y ordenada.

Afuera, en una rama junto a la ventana, Copérnico, el camaleón velado, parpadeó con pereza 🎵. Estaba muy relajado y brillaba con un hermoso color verde hierba.

De repente, la puerta de la casita se abrió de golpe golpeando la pared con un fuerte ¡PUM!

—¡BANZÁAAAAAAI!

Un tornado rojo entró girando en la habitación. Era Leo 🎵. Llevaba una capa hecha con una toalla de baño vieja y unas gafas de natación rosas. En la mano tenía un palo largo con una cuerda atada. Justo al final de la cuerda colgaba una bola de chicle gigante ya masticada.

Copérnico mostró de inmediato sus colores de advertencia: amarillo brillante 🎵 con manchas negras.

—¡Silencio! —siseó Clara, protegiendo su experimento con las manos—. ¡Estás alterando mi entorno de pruebas!

—¡Me voy a pescar! —anunció el niño de seis años con orgullo, agitando su palo 🎵. El chicle masticado se balanceó a un centímetro de la nariz de Clara 🎵—. Voy a pescar peces voladores invisibles. ¡Tienen un nido aquí, lo presiento!

Clara suspiró tan profundamente que el borde de su enorme bata de laboratorio ondeó en el aire.

—Leo, es biología básica. Los peces no vuelan y, desde luego, no viven en los robles. Además, ese chicle está lleno de gérmenes. ¡Sal de la Zona Estéril! Estoy realizando un experimento muy importante sobre magnetismo.