Benny el Conejito sabía dibujar un sol perfectamente redondo 🎵 y podía sacarles punta a todos sus crayones 🎵 él solo para que quedaran muy afilados. Pero no sabía qué hacer cuando sus obras de arte no quedaban absolutamente perfectas 🎵. ¡Y hoy era el día de pintar!

Los niños recibieron grandes hojas de papel blanco 🎵, pinceles gruesos y tarritos de pintura de colores. Benny decidió pintar un retrato de su mejor amigo, Buster el Perrito. Justo a su lado, Cleo la Gatita estaba pintando el arcoíris más hermoso con siete colores brillantes.

Benny se esforzó mucho, muchísimo. Sacó la puntita de la lengua 🎵 para concentrarse mejor y no salirse de las líneas. Pintó las orejas marrones y caídas de Buster, sus ojitos felices y su collar rojo. Se veía maravilloso, exactamente como lo había planeado 🎵. Solo le faltaba pintar una naricita negra.

Pero cuando Benny mojó el pincel en la pintura negra, tomó demasiada. Al pasar el pincel sobre el papel… ¡PLAF! ¡Una enorme gota de pintura negra cayó 🎵 de su pincel justo en el centro del retrato! En lugar de una linda naricita, había una mancha grande, fea y desastrosa en el papel.

Benny sintió que un ardiente enojo crecía en lo profundo de su pancita. ¡Su pintura perfecta estaba arruinada! Las orejas de Benny se enderezaron 🎵 y su carita se puso de color rojo brillante. Apretó su patita libre hasta formar un puño y golpeó el piso 🎵 con su pata trasera. ¡PLAS! ¡PLAS! ¡PLAS!

—¡Arruinada! ¡Está toda arruinada! ¡Esta es la pintura más fea de todo el mundo! —gritó.