Hace mucho, mucho tiempo, en un pueblecito cerca de Varsovia, nació un niño llamado Frédéric Chopin. Desde que era muy pequeñito, parecía bailar cada vez que escuchaba una canción, por sencilla que fuera. Sus padres le tocaban el piano 🎵, y los ojitos de Frédéric brillaban de emoción. ¡Se moría de ganas de tocarlo él mismo!

A los seis años, Frédéric ya tocaba el piano e inventaba sus propias melodías cortitas. Cuando los vecinos escuchaban la dulce música que salía de la casa de la familia Chopin, se ponían de puntillas y miraban por la ventana, susurrando asombrados:

—¡Qué niño tan maravilloso!