Hace mucho, mucho tiempo, en una hermosa ciudad llena de bazares 🎵 y minaretes, había un niño pobre llamado Aladino. Vivía con su querida madre en una casita a las afueras de la ciudad. No tenían mucho dinero, pero Aladino siempre intentaba ayudar a su mamá todo lo que podía.

Un día, mientras Aladino volvía del mercado, un hombre misterioso con una capa oscura se le acercó 🎵.

—Hola, jovencito —dijo el extraño con una voz muy grave—. ¡Soy tu tío Abanazar! He viajado por todo el mundo durante muchos años. Tengo una tarea especial para ti. Si me ayudas, te prometo que tú y tu mamá nunca más volverán a ser pobres.

Aladino pensó en su mamá y en lo mucho que ella trabajaba.

—¿Qué tengo que hacer? —preguntó.

Abanazar llevó a Aladino al desierto, muy lejos de la ciudad. Finalmente, llegaron a un lugar extraño donde una entrada misteriosa se escondía entre las rocas 🎵.

—¿Ves ese agujero en el suelo? —preguntó Abanazar—. Lleva a una cueva mágica. Yo soy demasiado grande para entrar, pero tú eres delgado y ágil. Adentro hay una lámpara vieja. ¿Me la podrías traer? Pero recuerda: ¡no toques nada más que la lámpara!

Aladino asintió y bajó a la cueva 🎵. ¡Se encontró en el lugar más asombroso que había visto en su vida! ¡La cueva brillaba con mil colores 🎵! Por todas partes había montañas de monedas de oro, joyas tan grandes como manzanas y perlas del tamaño de un huevo. Sobre un viejo pedestal de piedra, vio una lámpara antigua y oxidada. Parecía muy común y corriente.

«Qué raro», pensó Aladino. «¿Por qué querrá mi tío una lámpara tan vieja y fea habiendo tantos tesoros hermosos aquí?».

Tomó la lámpara y se la guardó en la camisa. De regreso, vio un hermoso anillo tirado en el suelo 🎵. ¡Brillaba muchísimo! «¿Tal vez podría llevárselo a mi mamá?», pensó, y se puso el anillo en el dedo.

Cuando Aladino llegó a la entrada de la cueva, Abanazar estiró la mano.

—¡Dame la lámpara! ¡Rápido!

—Ayúdame a salir primero, tío —pidió Aladino—. Me cuesta mucho subir.

—¡No! ¡Dame la lámpara primero! —gritó Abanazar muy enojado.

De pronto, Aladino se dio cuenta de que algo andaba mal. ¡Ese hombre no era su tío! ¡Era un hechicero malvado que quería robar la lámpara mágica!